Cometí un error de bulto,
por un falso testimonio,
la figura del indulto,
me salvó del manicomio.
Poderoso caballero,
con una copa de indulto,
y un puñado dinero
puedes escurrir el bulto.
Que barbaridades dicen,
sin ninguna reflexión,
al indulto lo bendicen,
me asombra su indignación.
A quién se asemejan,
aquellas conciencias,
las que te aconsejan,
que tienen
la ciencia.
Soy espejo roto,
de una mente herida,
violento alboroto,
hilvana la dicha al perdón
en vida.
¡Que dicha!, poder y
dinero,
son los
eslabones de un amor sincero,
“el indulto
y su figura,
un mal que
todo lo cura”.
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