La varita mágica
¿Fue un encuentro casual?, no lo sé, en la vida
hay encuentros que parecen previstos y
programados por una varita mágica y este fue uno de ellos.
Era ella la que me miraba con
disimulo, estaba en una plaza con un grupo de personas y un guía que le
explicaba con entusiasmo todos los detalles del entorno, observo en la
distancia su angelical rostro y disfruto durante unos segundo de esa mirada cómplice
que es pura llama.
Nos acercamos para saludarnos, nos
abrazamos efusivamente. ¡ay! su dulce mirada aceleraba mi sangre, que felicidad
mi nombre en sus labios. Nos pusimos al día hablando de todo… sentí que aquel
otoño estaba dando paso a una primavera ilusionante.
Conversamos un buen rato, después
me pregunta ¿qué tal tu amiga? le digo, ¿Marta?, sí, la chica tan guapita de
los ojos verdes esmeralda, no hay duda se trata de otra persona pero yo le sigo
la corriente.
Absorto por aquella sonrisa, que
era vida en mis ojos iluminados por la ilusión, di gracias a dios, por el
hermoso don de aquella presencia tan gratificante.
El sonido inoportuno del móvil
despertó mi embeleso. Nos despedimos apresuradamente con un beso en la mejilla
y un abrazo intenso, con deseos de volver a vernos pronto, y por supuesto otro
beso para mi amiga Marta.
Luego sentí impotencia y lo peor
es que no tengo la menor idea de quien era aquella joven tan especial.
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