Una araña construía su escondite
en la larga sombra del techo, era sorprendente como iba tejiendo su red con
finos hilos de sedoso lustre para después capturar sus presas.
Una trampa mortal para todos los
insectos que llegaran a tocar su vibrante sedal. “Sus vidas pendían de un hilo”
Una mosca montaba a otra y en el
culmen de la excitación un picotazo desgarrador y un silencio compartido,
veneno que las devora por dentro embriagando todos sus sentidos.
Las amantes habían caído en una emboscada,
allí estaba la araña acariciando a sus presas, aún jadeantes, con un beso
vampírico fue apagando sus vidas, pero antes una frase compartida “morirme en
ti en pleno acto merece la pena”.
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