De vacaciones en mi cerebro
Definitivamente hoy voy a escribir lo que se me
antoje, hoy mí querido lector estoy en el escritorio buscando tu apoyo,
necesito tu sabiduría para encontrar el camino de la inspiración
Quién fuera primavera para darle otro tono a
mujeres y hombres del mundo entero, mientras suena una música romántica, y los
pájaros cantan por doquier, despiertas y te das cuenta que nada era como ayer,
ya no tienes nombre, solo los antiguos hombres tienen derecho a cobijarse bajo
un paragua para no mojarse.
Las gentes se han olvidado de andar, tienen que
aprender de nuevo, van apuntalados por oscuros subterráneos para
protegerse del que dirán y algún día
volver a la tierra talismán.
Me es amargo decir que el gentío ha aceptado la
sumisión y todo queda preso de unas leonadas sombras.
Mientras yo testigo mudo me horrorizo de esa tribu
dominante que lleva la voz cantante, seres que caminan muy despacio, dicen que
tienen el corazón a la derecha del pecho y que pertenecen a la constelación de
la tristeza, llevan tatuado en la frente un crisantemo gris.
Me siento como un ser extraño diferente a ellos,
sus raíces no son las mías y a pesar de todo necesito descubrir en qué lugar de
mí, está ese gen diferencial.
Empiezo a flaquear, una sensación de frustración,
tristeza y desánimo, me embarga sin piedad
Oigo a los pájaros cantar colgados del árbol que
mece al otoño, de pronto enmudecen sus trinos, huyen de una serpiente que ha
dejado marchitos sus nidos.
Quisiera expresar lo que estoy soñando, me siento
como un viajero de vacaciones en su cerebro, un lugar envidiable con un claro
destello de inmortalidad, que al declinar el día se apagará en deslumbrante
agonía.
El alma arde en su escondido fuego, con el caos
reinante en este mundo perderá el vuelo.
En cualquier caso perder el vuelo no es para tanto,
en el hondo hueco de los cielos mueren los astros.
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