lunes, 19 de octubre de 2026

Las hijas de la Luna


Las hijas de la Luna

El sol eclipsó a la luna en un eclipse de amor. Fue un instante sagrado y único, donde el fuego solar y la plata lunar, latiendo en la penumbra, se fundieron en un solo corazón. Testigos de aquel romance prohibido fueron las asombradas estrellas y las rapaces nocturnas, que observaban la danza sideral con sus ojos de farol. Y para asombro del firmamento, de aquella unión en un parto sin dolor, nacieron dos mellizas como regalos de Dios. Al unísono rompieron a llorar Alba y Aurora, llevando grabadas en el alma la magia y el misterio del eclipse que les dio origen.

                                                                           

Alba, deidad del amanecer, nació con los ojos del color del sol naciente, mientras Aurora, deidad del atardecer, creció brillante como la estrella de la tarde. Ambas fueron educadas por Selene, la anciana diosa guardiana de los secretos lunares, quien las acogió bajo su manto estrellado. Selene sabía que aquel encargo no sería fácil, pues el romance de los padres de las criaturas había desafiado todas las leyes del universo.

Bajo su tutela, durante siglos las hermanas aprendieron a danzar en el lienzo celeste.  Alba caminaba sobre las nubes del este, disipando las sombras con su mirada dorada para traer la esperanza del nuevo día. Al caer la jornada, Aurora ascendía al trono del oeste, extendiendo su manto violáceo de calma e infundiendo espacio místico para los sueños.

Con el paso de los siglos Alba y Aurora se volvieron tan preciosas “dos gemas vivas” que su belleza era conocida en todos los rincones planetarios, en cada uno de ellos se hablaba de estas dos exultantes deidades. El cosmos había funcionado en perfecta armonía hasta que comenzaron los viajes a la Luna de los soberanos del tejido estelar para hacerles propuestas matrimoniales. Por fin las herederas encontraron a sus parejas para consolidar dos reinos poderosos, pero opuestos.

Alba fue cortejada por Júpiter, el soberano del Olimpo y señor del rayo. Su unión fue un estallido de poder. Júpiter, fascinado por la luz vital de Alba, le regaló un trono forjado con relámpagos azulados y plata estelar pura.

Ambos gobernaron juntos (El Trono de la Mañana) fusionando la autoridad celestial de Júpiter con la esencia luminosa de Alba.

Ella aportó calidez a la severidad de Júpiter, y él le otorgó el poder de moldear los cielos más majestuosos.

Por otra parte, Aurora y Venus se unieron en El Templo de la Tarde. Su matrimonio fue un romance silencioso, nacido en la penumbra. A diferencia de la demostración de poder de Alba y Júpiter, esta alianza en el oeste celebraba la intimidad, transformando los atardeceres en un santuario para los amantes y los soñadores.

 Aunque ambos matrimonios trajeron un esplendor nunca visto, también entre ellos saltaron chispas. Júpiter, ambicioso y protector, comenzó a exigir que la luz del amanecer se extendiera más allá de sus fronteras para expandir su imperio, mientras que Venus, celosa de la intimidad de sus noches, empujaba las sombras de Aurora cada vez más temprano, dilatando las noches en un abrazo romántico e interminable.

El equilibrio del cosmos ahora pendía de un hilo, y las dos hermanas “nacidas del mismo eclipse” se encontraban atrapadas entre el amor a sus esposos y su deber con el universo.

Las consecuencias de este enfrentamiento, (el capricho de los dioses), los estaba pagando la Tierra. El Imperio del Amanecer, liderado por Júpiter provocaba que el sol naciera abrasador, secando manantiales antes de que pudieran nutrir de agua a la tierra. Los campos de cultivos bajo un cielo abrasador interminable se calcinaban…

Al contraataque, el Imperio de la Sombras, liderado por Venus devoraba las luces del día cada vez más temprano, provocando en la mitad del mundo una penumbra invernal interminable que marchitaba las selvas y congelaba los ríos. El caos reinaba y la vida mortal agonizaba mientras los dioses hacían su guerra.

Cuando todo estaba a punto de estallar, emergió la diosa Gea, (la madre de todo lo que existe). Brotó desde las profundidades del Caos y con un solo gesto frenó el colapso del Universo: Mientras una mitad del planeta ardía la otra mitad se cubría de hielo. Fue entonces cuando diosa Gea se alzó entre los dos tronos, tomó su primer aliento y con las manos de fuego y lluvia detuvo el tiempo.

Silenció el trueno de Júpiter, disipó las sombras de Venus, y miró a las hijas de la Luna, Alba y Aurora. Las tomó de la mano para recordarles que el cosmos no pertenecía a la ambición ni a los celos, sino que el poder absoluto solo pertenece al orden del universo.

Dictó un decreto sagrado que ni los reyes del Olimpo ni las diosas del amor podrían quebrantar; a partir de ese momento, el tiempo se dividiría en un ciclo simétrico e indefinido. A Júpiter le ordenó reinar en las horas de luz alta, prohibiéndole tocar las fronteras de la tarde. A Venus le otorgó el manto de la noche estrellada, pero con estricta condición de retirar sus sombras antes de que el nuevo día naciera.

 Nico Pozón Requejo 17.10.2026

 

 

viernes, 16 de octubre de 2026

Aquel el amor nació en otoño

Aquel el amor nació en otoño

Aquel amor nació en otoño,

llegó sin abrigo,

sin dicha en el alma,

cruel es la ausencia de la luna del alba.

 

Voló con sus pies descalzos,

sobre la arena mojada,

de repente aquel abrazo,

de plenitud oceánica.

 

Vuelve a mí su corazón,

como un remanso de agua,

oigo su voz en el viento,

lejos quedan las palabras.

 

Me excito al imaginarla,

me provoca este sentir,

la transparencia del sueño,

levanta llamas en mí.

 

De repente un suspiro,

que siempre recordaré,

con el amor por bandera,

hasta el silencio se eleva.

 

He perdido la razón,

en este otoño sin tiempo,

donde todo se te quiebra,

y hasta la pasión se anega.

 

Siento como pasa el tiempo,

la vida se torna inerte,

otro sol y otra luna,

alma blanca adolescente.

Copyright © SIRPT – M-0105257/2026


 

martes, 13 de octubre de 2026

Soy puro temblor

Soy puro temblor

Tiembla mi conciencia

viendo,

cómo se deshojan las mañanas

bajo un cielo,

que a tú desnudo canta:

 

“Ámame, cuerpo a cuerpo,

sobre los espacios de las letras,

donde vivo desterrado”

 

Quiero quemarme

con el fuego de tu desnudo otoño.

para sentir la emoción del aire

planeando por la gozosa estación

que nos ha encadenado.

 

Soy puro temblor

de un brazo inexistente

que recoge la vida,

para vivir mañana

tu frágil primavera.

 

Tras el rumor de la escritura,

llega hasta mí un aire nuevo,

una brisa que ignora

el resurgir del cuerpo.

 

Sorprendiendo a Lázaro,

amándonos, boca a boca,

cuerpo a cuerpo,

impregnados de un virginal fulgor

que cubría

el hueco dejado por el alma rota.

 

Resurgimos de nuevo,

extendiendo la magia

de esa luz dorada

que en el otoño arde.

Copyright © RTPI – 16/2025/3368


 

sábado, 10 de octubre de 2026

La espectadora


La espectadora

Un día gris se abría bajo la sombra del cielo. Allí estaban ellos, los extremistas, junto al monumento del ángel negro. En lo más alto de la escalinata apareció su líder, un ídolo de barro, dios hambriento con ansia de poder y dinero. El desplante y la retórica del tirano desataban vítores; su figura se vendía como un mal que todo lo cura… dura realidad.

 Con ademán altivo, su dedo acusador se levantó para señalar al culpable universal. El gentío rugió al unísono, gritos de odio y palabras envenenadas resonaron por cada rincón, arrastrados por la imagen difusa de la sinrazón.

Pero no todos pensaban igual. Unos ojos permanecían atentos, firmes y en silencio sin unirse al coro de los violentos y resistiendo a las hordas…

 Allí estaba ella expectante, en un rincón aguantando el chaparrón. Resguardada por su vieja gabardina y un pañuelo que le cubría parte de la cara y el pelo, mantenía las manos hundidas en los bolsillos, apretando un pañuelo para calmar los nervios. Sabía que un paso en falso, un parpadeo o un gesto la delataría; bastaría un solo error para convertirla en el chivo expiatorio de las masas. De pronto la multitud rompió en un aplauso ensordecedor, el líder saboreaba su triunfo desde lo alto de la escalinata.

 Aprovechando la euforia del gentío, ella dio un paso atrás, desapareciendo lentamente entre las sombras mientras buscaba desesperadamente una vía de escape, la cual encontró en una calle cercana. Nadie la vio marchar; dejó atrás el rugido de la sinrazón. Mientras se alejaba, se desató el pañuelo del rostro y respiró ese aire nuevo de libertad. La resistencia acababa de comenzar.

 Nico Pozón Requejo 09.10.2026

 

 

jueves, 8 de octubre de 2026

Sirenas que en la noche suenan

Sirenas que en la noche suenan

El mar se balancea

al ritmo de las olas,

las pobres caracolas

son presas de los peces.

 

Y es el mar,

amante desleal,

que busca en la verde tierra

raíces nuevas.

 

Isobaras curvas,

serpientes maduras

con piel de escama

y mejillas adolescentes.

 

Sirenas que en la noche suenan,

en el lecho de los mares,

una de ellas se inclina sobre mí,

buscando el amor en toda su extensión.

 

Me gusta sentir el movimiento del mar,

cómo se balancea,

y lentamente acaricio a esa sirena mujer;

un rumor de besos, en la noche soñada.

 

Latidos suaves con bellas palabras,

emerge una espiga que sale del alma.

Excelsos embates, temblorosa voz…

hasta la consumación.

 

Copyright © RTPI – 16/2025/3368

 


 

lunes, 5 de octubre de 2026

Si volvieras a nacer


Si volvieras a nacer

Si volvieras a nacer… ¿qué serias?,

Sería una bonita playa de arena,

para dorar las uvas de tus pechos.

Sería el mejor vino,

para alegrarte el camino.

Sería la abeja que vuela a tu piel,

deseosa de tu miel.

 

Sería un delfín en tu mar inmenso,

que insomne busca tu beso.

 Si volvieras a nacer,

sería un verso suelto,

el eslabón perdido,

que pende de oráculos dormidos.

 

Sería, en la noche un lucero,

para alumbrar las sendas de tus miedos.

Si volvieras a nacer descifraría,

el rumor del viento;

y es que en tus labios callados,

hay mensajes del amor que llevas dentro.

 

Si volvieras a nacer ¿qué harías?

Con tu cuerpo y el mío,

un nudo marinero,

maridando nuestras vidas,

con el sabor de un “te quiero”.

Copyright © RTPI – 16/2025/3368

  

jueves, 1 de octubre de 2026

La noche que nos conocimos

 

La noche que nos conocimos

Dibujo tu perfil y viene a mí

una infinidad de recuerdos, o son sueños

donde palpitan los deseos

que consiguen desprenderse de la memoria

para iluminar la noche que nos conocimos.

 

Apenas comprendo este juego arriesgado

que es recordarte sin esconder los sentimientos.

Siento tu mirada que me acaricia y la tomo como

una invitación para navegar por tu cuerpo.

 

Flotando sobre tu piel… mis besos recorren tu cuerpo;

la primavera gozosa se abre en mis pensamientos;

siento gratitud por cada momento de felicidad que nos dimos.

 

La noche que nos conocimos es recurrente en mis sueños.

Aquella noche se gestó algo tan hermoso,

que aún percibo en mis labios el gusto salobre de tu piel.

Jamás lo olvidaré, aunque este sueño muera dentro de mí.

 

Copyright © RTPI – 16/2026/3368