Al paseo de
la fuente llano
Para
mí es muy especial
sentarse
en este lugar
cercado
por los naranjos
para
poder disfrutar,
de
un escenario abierto
a
la imaginación,
donde
un castillo se alza
hasta
lamer el cielo.
Allí
el tiempo se para
y
la mirada huye hacia arriba,
con
la ilusión en el cuerpo,
la
retina grava…
pájaros
de azahar estrenan alas,
en
un cielo de nubes barrocas,
blancas
como el alba.
En
la oscuridad se eleva el sentido,
y
en su recorrido,
una
multitud de vuelos
de
estrellas fugaces,
algunas
las veo cruzarse,
con
la musa del castillo,
también
oigo un sonido,
sonido
eterno de un grillo.
Que
no para de cantar,
ahora
calla, sorprendido quizás,
por
una ferviente luna,
aparecida
en el cielo,
amor
luciente, idilio extremo,
orla
de fuego de callado silencio.
Como
el de esa bella farola,
con
sus farolillos claros,
un
arcángel luminoso,
que
en el centro de mi alma,
hace
diana, y un manantial
de
recuerdos su fuente abre.
La
noche quiebra y el día llega,
la
vida es fiesta, cantan los pájaros
revoloteando
entre palmeras y naranjos.
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