miércoles, 10 de junio de 2026

El clavo

EL CLAVO

Entre los muchos cuentos que mi abuelo se inventaba y que hacían las delicias de pequeños y mayores,  está “el clavo” una historia que echó raíces en mi memoria.

Decía mi abuelo que a la muerte del Marqués de Encinares, su hijo Don Ángel Villanueva Solís,  contrajo matrimonio Doña Inés Pérez Gil, joven de 20 años perteneciente a la nobleza castellana, la boda se celebró en Madrid y los contrayentes fueron a vivir al palacio de Casasola.

Lo primero que hizo el nuevo Marqués de Encinares, fue despedir al mayordomo, prescindió de sus servicios sin darle ninguna explicación.

Don Andrés de Mora Dulce, había sido durante más de 25 años el mayordomo de palacio, (persona muy querida por los antiguos marqueses).

Lo echó de palacio como si fuera un trasto viejo, tras las lágrimas, juró vengarse del marquesito.

Una noche un desconocido le entrega un sobre con el escudo de armas del Marqués de Encinares impreso, lo cual contrastaba con la letra pueril que estaba escrito su nombre, lo abrió y encontró una copia del testamento del Marqués donde decía que le cedía la propiedad de “un clavo” en el comedor del palacio para colgar su sombrero cuantas veces quisiera.

Por fin podría saciar su insaciable sed de venganza y sin esperar un momento pasó a la acción…

A las tantas de la noche se presentó en palacio diciendo “vengo a colgar mi sombrero en el clavo de mi propiedad”. Y así noche tras noche…

Hasta que en una de esas noches fue el propio Marqués, el que tomo cartas en el asunto, le hizo pasar a su despacho y sentados frente a frente le dijo:

Ud., solo es propietario de un clavo, no obstante quiero ser generoso y comprárselo, por una cantidad imposible de rechazar, con este dinero disfrutará de los años que le resten por vivir.

Hubo silencio y después contestó: No quiero su dinero, solo quiero venganza, y la venganza no tiene precio.

El Marques se enfureció, “No le voy a consentir que turbe el reposo de mi familia, cuelgue su sombrero y váyase y no vuelva jamás por aquí”

Pero la cosa no era tan simple, salió y volvió a llamar para colgar su sombrero, y  así la historia continuó hasta que el marqués claudicó.

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2 comentarios:

  1. Bonito cuento. Siempre que estemos en apuros necesitamos ayudas, un clavo donde agarrarse es una buena reflexión para vengarse de una persona despreciable.
    Felicidades
    Andrés

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  2. El que la sigue la consigue. Bonita reflexión es el clavo.
    Un saludo
    J, Cabanillas

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