Te necesito
Me sorprende como de la tranquilidad se pasa al
nerviosismo en un ambiente del que eras dueño y señor.
No sé por qué una simple llamada pone el mundo al
revés, tampoco lo es que me dijeran que ella había vuelto, “ojalá sepa que sigo
existiendo” después de aquello…
Ahora, ¿quién me pilota a su cielo?, busco las
palabras, toco a mi corazón y me remite al cerebro:
“Hace tanto
tiempo de aquello que nada es tan importante como el sentimiento que sea capaz
de salvaros”.
En ese momento abrí los ojos y desperté de mi
letargo, sabía el verdadero camino que me llevaría a ella.
Sé que la vida va a ser dura a partir del
encuentro pero vendrá conmigo, juntos somos únicos.
Caminé largo tiempo, entonces paré ante otra llamada
del cerebro: ¿Por qué el amor que tú le tenías se convirtió en rencor? No lo
sé, ni tampoco sé por qué nuestra relación terminó, solo sé que nos despedimos
con un beso que ya nunca olvidaremos.
A lo lejos, vi una silueta que se acercaba hasta
donde yo estaba, su ritmo remarcaba un vaivén de caderas que dibujaba la
exuberancia de su cuerpo al caminar.
Poco a poco su imagen se hacía más tangible, podía
distinguir de forma más clara las facciones de su rostro.
Cuando más cercana estaba, recordaba los felices
días que pasamos juntos, di gracias a la vida por el hermoso don de su
presencia, qué bello fue vivir con la diosa que avanza sonriendo.
Y de repente nos encontramos frente a frente, nos
miramos a la cara y su mirada se clavó en la mía.
Un río de lágrimas donde muchos se ahogan,
nosotros salimos a flote, radiante la veo, está enamorada. Rompió el silencio
para decirme: “Te he extrañado tanto, lo que siento por ti no lo puedo
expresar, me fui pero tu ausencia me destrozó el alma, quiero empezar de nuevo,
tu amor me pertenece”.
Las lágrimas volvieron pero fueron de alegría,
brotó el amor, como brota una flor en primavera, revivieron sus besos con tanto
anhelo, que oleajes de fuego se fundieron como si fuera la unión primera.
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