Sobre
ese verde trigal,
Muchacha
de piel moruna,
Pongo
a tus pies la luna,
Un
ópalo colosal.
La
brisa mece a los vientos,
Que
hacen danzar a la amapola,
Donde
tu corazón goza,
Al
son que marcan las olas.
Teñiré
campos de trigo,
Rojo
escarlata furioso,
Las
mariposas testigo,
De
tu cáliz tembloroso.
Yo
siempre te preferí,
Nunca
me dijiste ¡hola!,
Y
siempre me pregunté,
¿Vive
sola la amapola?.
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